Las palomas siempre regresan a su palomar
Cuando el Mallorca Zeitung visita el palomar de Llorenç Tomàs, Pep Toni y Joan Jaume tienen que quedarse fuera. Al fin y al cabo, la amistad también tiene sus límites. Y la cría de palomas tiene sus secretos.
«Nuestras palomas son atletas profesionales», dice Tomàs, considerado una leyenda viva en el sector. Las mezclas de alimento y los cuidados: cada criador tiene sus trucos para llevar a los animales a rendimientos sorprendentes. En abril vuelve a celebrarse el campeonato balear. Entonces las aves deben volar 1.100 kilómetros desde Portugal hasta la isla.
Tomàs cuenta que de niño, como muchos chicos, jugaba al fútbol. «Pero luego me lesioné gravemente la rodilla y el deporte se acabó para mí. Las palomas siempre me fascinaron». Hace 50 años, el mallorquín montó su primer palomar. Hoy en día hay unos 350 criadores en la isla, muchos de ellos hombres mayores. «También hay mujeres, pero lamentablemente muy pocas», comenta Pep Toni, presidente de la federación balear.
Cada vez más jóvenes se interesan por este deporte, quizá porque ya no es tan laborioso. «Antes cronometrábamos las carreras nosotros mismos, con un reloj en una caja sellada», explica Pep Toni. «Si la salida se retrasaba por mal tiempo, teníamos que ir a la sede para darle cuerda al reloj. Aprovechábamos para reunirnos, comer y tomar unas cervezas». Hoy todo funciona de forma electrónica y ya no se hacen esos encuentros matinales.
Los criadores apuestan por palomas mensajeras belgas. «Bélgica, Países Bajos y Alemania son los pioneros en este deporte. Allí se puede vivir de ello y la gente apuesta por los resultados», dice Pep Toni. En España es solo un pasatiempo. «Compararnos con ellos sería como comparar a un equipo de tercera división con el Barça».
Una buena paloma tiene un plumaje amplio y una piel rojo intenso, explica Joan Jaume. Según la genética, hay mejores velocistas o voladoras de fondo. Las carreras se dividen en distintas distancias: 300, 500, 700 kilómetros y la categoría reina, a partir de 1.000 kilómetros. En esta última, Llorenç Tomàs es el campeón invicto.
«El mar es un gran obstáculo para nosotros, porque las palomas deben recorrer 200 kilómetros sobre el agua sin poder descansar», señala Joan Jaume, tesorero de la federación.
En la gran carrera del año pasado, solo doce de las 200 aves llegaron a la isla. «Un GPS sería demasiado pesado y molestaría a los animales», explica Jaume. A menudo no se sabe qué ocurrió con las palomas. Algunas quizá no se atreven a cruzar el mar y se refugian en palomares del continente. Gracias al anillo en la pata, pueden ser identificadas y los criadores contactan entre sí. También es posible que caigan víctimas de aves rapaces.
«Halcones, milanos y águilas esperan literalmente en la costa a los ejemplares debilitados», dice Toni. «Estas rapaces están protegidas por el Ministerio de Medio Ambiente. Desde nuestro punto de vista, hay demasiadas. Entonces tenemos que curar a las palomas heridas».
Las palomas de competición poco tienen que ver con las que se ven en la vida cotidiana. Los atletas tienen más bien el tamaño de un pollo grande. Probablemente utilizan el campo magnético de la Tierra para orientarse. «Es un misterio. Las llevamos a lugares lejanos y, aun así, siempre regresan a su palomar», afirma Pep Toni.
Los criadores acostumbran a las aves poco a poco a distancias mayores: primero Ibiza, luego la costa española, y más tarde Sagres, en el sur de Portugal. Para las competiciones, las palomas se transportan en camiones al continente y el conductor las libera todas al mismo tiempo.
En casa, los criadores esperan su llegada. Como cada paloma vuela a un palomar diferente, las distancias varían. Por eso se calcula la velocidad en función del recorrido y el tiempo. Gana el ave más rápida.
El año pasado, la vencedora fue Laia. Llorenç Tomàs bautizó a su paloma campeona con el nombre de su nieta. El animal de dos años tardó casi 25 horas. «Es única. Como recompensa, ahora puede reproducirse», dice el criador.
¿Y cuáles son los trucos de los criadores? «Algunos añaden ajo al agua. Mis palomas reciben un poco de miel después de las carreras para recuperarse», explica Pep Toni. Otros confían en zanahorias mezcladas con el alimento de grano.
¿También influye la suerte? «Si yo gano, sería un milagro. Si gana Llorenç, es normal. La suerte acompaña a los preparados», afirma el presidente del club de criadores mientras observa detenidamente a Laia, quizá esperando descubrir el secreto de su éxito.


